MASONERÍA, EDUCACIÓN E ILUSTRACIÓN EN LA FILOSOFÍA ALEMANA DEL SIGLO XVIII Por Campidoglius, M.M.


Durante el siglo XVIII el movimiento cultural europeo denominado Ilustración y la naciente masonería especulativa se influyeron de manera mutua y tan poderosamente que es difícil distinguir lo cada una de ellas debe a la otra. La masonería, en la medida en que pretende y trabaja por la extinción de la Ignorancia, el Fanatismo y el Despotismo mediante la difusión del Conocimiento, de la Verdad y de la Educación, es per se, un proyecto ilustrado. Dentro de estas premisas, en pocas ocasiones se ha planteado tan claramente la responsabilidad ilustrada de nuestra Orden como en la Alemania del siglo XVIII y, para mostrarlo, voy a referirme a tres intelectuales alemanes conocidos: Goethe, Lessing y Fichte.

Precisamente, en Alemania es donde la pregunta “¿qué es la Ilustración?” halla su respuesta. En 1784, Kant publica su opúsculo Was ist Aufklärung?, “¿Qué es Ilustración?”, donde plantea de manera consciente el significado del movimiento de pensamiento que ha venido dominando todo el siglo XVIII. Para el filósofo de Könisberg la Ilustración representa para el hombre la liberación de su minoría de edad original, y se propone fundar la civilización sobre el reinado de la razón y de la dignidad humana, considerando a la razón “la piedra angular de la verdad”.

La relación entre Goethe y la francmasonería es bien conocida, aunque algunos puntos importantes no estén todavía suficientemente claros. Según unos, el escritor ingresó en ella el 11 de febrero de 1783, en la logia Amalia de Weimar; según otros, la iniciación se produjo el 23 de junio de 1780; puesto que la logia Amalia abatió columnas en 1782, es más probable que la iniciación se produjera en la primera fecha. A la logia pertenecía también el duque Carlos Augusto y el propio hijo del poeta, Augusto Goethe, ingresó también en la Orden con todos los beneplácitos de su padre. Durante más de cuarenta años, Goethe mantuvo esa relación como muestra la existencia de distintos poemas escritos para diferentes ocasiones . El primero de ellos es el titulado Simbolum, compuesto el 5 de diciembre de 1814 con motivo de la iniciación de su hijo Augusto en la logia Amalia y publicado en el Gesängen für Freimaurer de 1816. El 29 de diciembre de 1815 el aprendiz entrado agradeció el honer que se le había hecho recitando unos versos de su padre “Gracias del cartor” (Dank des Sängers). El 20 de enero de 1816 compuso Verschwiegenheit (Silencio), con motivo del pase al grado de compañero de su hijo. En torno a esa fecha falleció la princesa Carolina, hija única del gran duque Carlos Augusto. La logia celebró una tenida fúnebre en homenaje a ella, durante la cual se leyó el poema de Goethe Trauerloge, compuesto para la ocasión. El 3 de septiembre de 1825 la logia celebró una fiesta para conmemorar los cincuenta años del reinado de Carlos Augusto. Para ella Goethe compuso un poema, titulado Zur Logenfreier, que el 30 de julio envió por carta a Hummel, el compositor, para que compusiera la música. Otro poema, Schlussgesang o Canto Final, hace referencia a la construcción de una escuela municipal en Weimar, destinada a elevar el nivel cultural de población mediante la educación de los niños, para cuya consecución la logia debió jugar un papel importante, tal vez financiero, como se desprende de la estrofa inicial:

¡Sus y elevad vuestras voces,
oh fraternales amigos!
¡Romped el secreto ahora
de vuestros sentires íntimos!
¡Y que el canto de desborde
fuera de aqueste recinto!

Es evidente que Goethe consideraba la creación de dicha escuela una extensión del trabajo masónico que, en dicho momento, desbordaba o rebasaba el ámbito de la logia.

Algunos autores citan un poema escrito en 1830 “Para la fiesta de san Juan de 1830”, que no he podido encontrar. Otro poema suyo, Zwischengesang “Intermedio” fue leído en su misma logia el 9 de noviembre de 1832 en la tenida fúnebre celebrada en honor del poeta.

Los poemas masónicos de Goethe no son geniales. La mayoría son piezas de circunstancia que recuerdan en algo la letra de las canciones masónicas de Mozart. Sin embargo, a veces se encuentran destellos de auténtica poesía en ellos. Creo que la hay en la primera estrofa de Silencio:

Cuando, al responder la amada,
lanza miradas de amor
ebrio de dicha el poeta
canta como un ruiseñor.
Pero, no obstante, el silencio
inspira más confianza;
¡quedo, quedo!, ¡calla ahora!
Esta es la dicha colmada.

Hacia el final del poema la noción del silencio vuelve a aparecer como una idea directora:

Lo que aquí confiadamente
hablamos, queda en secreto:
que silencio y confianza
la base son de este templo.

El silencio vuelve a reaparecer en otros poemas, como “Símbolo” y “Gracias del Cantor”. La impresión que se tiene de la lectura de los poemas masónicos de Goethe es que el escritor se tomaba en serio su condición de masón y el trabajo que se hacía en la logia. Esta le ofrecía un reducto tranquilo y silencioso frente a la vida cortesana, a la vez que le permitía canalizar sus sentimientos filantrópicos e ilustrados, con una política consciente de mejora de la educación y de la vida cultural del ducado. Si se tiene en cuenta la pequeñez del estado de Weimar, de apenas unos cinco mil habitantes, y el hecho de que tanto el gran duque Carlos Augusto, como su consejero privado Goethe, como el hijo de éste, como el consejero Herder y el preceptor ducal Wieland fuesen masones , creo que se puede afirmar sin temor a equivocarse que en este caso concreto masonería e ilustración fueron de la mano y que el progreso de la Ilustración en el ducado de Weimar fue obra inequívoca de la masonería.

Además de Goethe, otros dos masones alemanes, ambos filósofos, muestran la estrecha relación que había entre Masonería e Ilustración, entendiendo la Ilustración como una tarea universal de mejora del género humano. Me refiero a Gottfried Ephraim Lessing y a Johann Gottlieb Fichte.

Gottfried Ephraim Lessing fue iniciado en una logia de Hamburgo en 1771, cuando tenía cuarenta y dos años de edad . Desde el punto de vista masónico, su obra más importante es Ernst y Falk: Diálogos para francmasones, escritos en Wolfenbüttel en 1778 y dedicados al duque Fernando de Brunswick, de quien podría sospecharse que era también francmasón. La relación entre Ilustración y masonería en el pensamiento de Lessing se advierte si tenemos en cuenta que solamente dos años después, en 1880, escribe una de sus principales obras: La Educación del género humano.

Para comprender los textos de Lessing, así como los posteriores de Fichte, hay que tener en cuenta los debates suscitados dentro de la masonería alemana por la creación en 1764 de la estricta observancia templaria de Karl von Hund y la introducción del sistema de altos grados . No obstante, no vamos a investigar ahora este aspecto sino el pensamiento de Lessing acerca de lo que debería ser la esencia de la masonería. Lessing parte de la valoración positiva del Estado que hace la Ilustración, como fruto de la razón y medio para lograr una vida lo más perfecta posible: “Los Estados asocian a los hombres para que el individuo mediante esa asociación y en ella pueda disfrutar tanto mejor y más seguro de su parte de felicidad” (p. 612, habla Falk) pero las diferencias de toda clase obligarían a fragmentar en estados menores incluso a un estado universal. De manera que “cuando un alemán trata a un francés, un francés a un inglés, o al revés, no es ya un puro hombre que trata a un puro hombre, recíprocamente atraídos gracias a su igualdad natural, sino que tal hombre trata a tal hombre, conscientes ambos de la diversidad de sus respectivas tendencias, que les hace ser mudamente fríos, reservados…” esa calamidad que produce la sociedad civil, aun en contra de su intención, que es que no puede unir a los hombres sin separarlos, es lo que la Masonería viene a solucionar. Ya que dichas separaciones no pueden ser solucionadas por las leyes civiles, ya que su poder no se extiende nunca más allá de las fronteras de su estado, sería muy de desear que en todo estado hubiera hombres que no se sometieran a los prejuicios de su religión nativa, aceptando lo que de positivo pudiera haber en otras religiones, ni de estado civil, aceptando lo positivo de los restantes estados y clases sociales. Cuando Ernst acepta que sería muy conveniente que existieran tales hombres, Falk le responde: “-¿Qué pasaría si fueran los francmasones quienes han tomado sobre sí también la tarea de reducir lo más posible esas separaciones por las que los hombres se son mutuamente tan extraños?” (p.618).

Cuando Lessing dice que la felicidad del estado solo puede consistir en la felicidad individual de cada uno de sus súbditos está traduciendo la idea masónica de que la sociedad sólo es perfectible por el perfeccionamiento moral de cada uno de sus miembros. En tanto que la masonería defiende que cada hombre ha de ser un buen ciudadano, en tanto que la Masonería se constituye en una escuela de ciudadanía, es simultáneamente un proyecto de ilustración. La conexión entre Ilustración y masonería se percibe también en los párrafos híncales de La Educación del género humano, si tenemos en cuenta que la iniciación masónica es también una revelación o, mejor aún, una des-velación. Lessing dice: “Lo que es la educación para el individuo, es la revelación para el género humano. La educación es una revelación que acontece al individuo, y la revelación es una educación que aconteció y todavía acontece al género humano” (párrafos 1 y 2, p. 574)

Dentro de la Ilustración europea en general, y de la Aufklärung alemana en particular, un papel principalísimo le corresponde a Johann Gottlieb Fichte. Si Kant se planteó la pregunta de qué es Ilustración, Fichte, unos años después, se planteó conscientemente en sus Cartas a Constant una reflexión sobre la filosofía de la masonería y su efecto sobre el individuo y la sociedad. Fichte se inició en la masonería a comienzos de 1793, en la logia Eugenia del león coronado de Danzig. Posteriormente se trasladó a Jena, donde fue recibido en la logia Gunther del León Erguido de Rudolstat, el 6 de noviembre de 1794. Se conserva su discurso iniciático, en el cual define más bien lo que no es la masonería, distanciándose tanto de la masonería histórica de su tiempo como de las restantes asociaciones secretas como los Iluminados de Baviera. Despedido de la Universidad en 1799, Fichte se instaló en Berlín a instancias de algunos hermanos y en particular de Ignaz Fessler, que lo indujo a afiliarse a la logia Royal York y que tenía un proyecto de revisión del rito masónico en que trabajaban las logias de Prusia. Fichte fue admitido en la logia Pitágoras en la estrella fulgurante el 3 de mayo de 1800, y el 23 del mismo mes fue elegido Gran orador. Fue en estas circunstancias en las que pronunció una serie de conferencias dominicales para los hermanos, que publicadas por la revista Eleusinas, constituyen las Cartas a Constant .

Tengo que decir que, desde mi punto de vista, cuando examina la masonería Fichte dice de manera más prolija lo que ya Anderson y otros habían dicho más sencilla y sintéticamente; pero también es cierto que prácticamente hasta su momento nadie había discurrido sistemática y reflexivamente en qué consistía la esencia de la masonería y cuáles eran sus efectos sobre el individuo y sobre la sociedad. Lo que es importante es que, para Fichte, la función esencial de masonería a es una función reintegradora y educadora, es decir que lo esencial de la masonería es el constituir una suerte de Ilustración.

Fichte parte de la base de que la experiencia cotidiana condiciona al hombre en diversos saberes y diversas actividades que hacen a los hombres ajenos entre sí: “así acusan todos inevitablemente una cierta incompletud y unilateralidad que, aunque no necesariamente, habitualmente se transforma en pedantería” (carta 3). Superar dicho estado sería el fin de “una sociedad separada de la gran sociedad, que no daña ninguna de nuestras relaciones dentro de la última, y que está organizada para poner de vez en cuando ante nuestros ojos y en nuestro corazón el fin de la humanidad, haciéndolo así nuestro fin pensado y deliberado, y que trabaja, empleando mil medios, para despojarnos de los malos hábitos contraídos en el seno de nuestro estamento y de la gran sociedad, y para elevar nuestra formación a una formación puramente humana (…) El masón, que nació como hombre y pasó por la formación propia de su estamento, que fue configurado por el estado y por el resto de sus relaciones sociales, debe ser formado de nuevo y por entero en el terreno de la masonería para llegar a ser hombre” (carta 4). Más adelante insiste: “Todo lo que apunta a establecer diferencias entre los hombres, sea en habilidad, sea en conocimiento o en virtud, es profano para la masonería”.

Más adelante, tratando de especificar cuál puede ser el tipo de formación específica que proporciona la masonería y no dan otro tipo de actividades como la meditación, los viajes o la vida social, Fichte hace una aclaración muy importante y que suele pasar desapercibida a los profanos que leen sus textos: hay un tipo de formación común a la humanidad en la que no es posible aprender realmente de nadie, y en la cual cada uno se toma sólo a sí mismo, a su conciencia y a Dios por testigo y juez: la formación para la libertad ética. Fichte pone el ejemplo de un pintor al que fue a visitar, quien le mostró todos sus cuadros pero que no accedió a trabajar de ningún modo en su presencia. “Esto me condujo a considerar la obra del genio moral en nosotros y presentí que era verdad que también en ese caso se necesita estar solo (…) Bastó que yo modificara m modo de obrar, y mis amigos, como yo mismo, reconocimos el crecimiento d ela planta sólo por sus frutos”.

A la pregunta ¿qué influencia ejerce la Orden sobre el masón? (carta 6), Fichte responde: “Si la asociación no es enteramente vana e inoperante, aquel que se encuentre en su seno (…) necesariamente debe aproximarse a la madurez bastante más de lo que lo habría hecho el mismo individuo fuera de ella (…) Tomo aquí y con razón, madurez y formación humana universal como sinónimos (…) El principal signo distintivo de la madurez es la fuerza mitigada, atemperada por la gracia (…) Alcanzada la madurez, la graciosa poesía se desposa con la claridad de la mente y la rectitud del corazón, y se celebra la alianza de la belleza, con la sabiduría y la fuerza. Esta es la imagen del hombre maduro y formado, tal como yo lo concibo: Cabeza completamente clara y libre de prejuicios de toda índole”.

En cuanto a la cuestión de qué efecto ejerce la masonería sobre la sociedad, Fichte responde: “la masonería eleva a todos los hombres sobre su propio estamento; por consiguiente, en la medida en que forma hombres, está formando a la vez miembros más útiles para la gran sociedad: eruditos y sabios amables y populares, hombres de negocios no sólo hábiles, sino también juiciosos, soldados humanos, buenos padres de familia y sabios educadores de sus hijos” (carta 7).

Hay un pasaje, en la carta decimocuarta, que creo que resume perfectamente el pensamiento de Fichte y en el que se aprecia con palmaria claridad no sólo que el proyecto masónico es un proyecto ilustrado, sino que el fin esencial de la masonería es el de esa Ilustración universal, el de proporcionar al hombre esa mayoría de edad a la que Kant aludía con esencia de la Ilustración:

“La masonería es, según nuestras investigaciones, una institución destinada a abolir la unilateralidad de la formación recibida por el hombre en la gran sociedad y a elevar a la universalidad y a la pura humanidad esa formación a medias. Nos preguntábamos: ¿Cuáles son las partes y los objetos de la formación humana que deben conservarse en la sociedad masónica? Y contestábamos: formación para la religión, como ciudadano de un mundo invisible, formación para el Estado, como ciudadano de una parte del mundo visible, y, finalmente, formación técnica y habilidad, como ser racional, para dominar la naturaleza privada de razón. Planteábamos aún esta pregunta: ¿Cuáles son los medios de la sociedad masónica para comunicar esta formación a sus miembros? Y respondíamos: instrucción y ejemplo. Y luego restaba por responder la pregunta: ¿Cuál puede ser realmente el fin final de la instrucción y del ejemplo masónicos?

“Hemos respondido: en la religión, la eliminación de todo lo accidental [es decir, volver a la religión natural de los Ilustrados] (…) respecto a la formación para la ley y el derecho: la íntima unión entre sentido de ciudadano del mundo y el sentido de ciudadano de un Estado [es decir, la fusión de cosmopolitismo y patriotismo] (…) Por último, respecto al fin de someter la naturaleza a la razón, (…) despertar y estimular en él la fidelidad a su profesión y alumbrarle un significado superior de su trabajo aparentemente subalterno.”

1. J.W. Goethe, Obras completas, traducción y notas de Rafael Cansinos Assens, Madrid 1987, vol. I, 1149-1152.
2. Sobre estos, y otros, nombres, pueden consultarse A. E. Waite, A new Encyclopaedia of Freemasonry, combined edition, two volumen in one, New York 1994.
3. Tomo el dato de A. Andreu Rodrigo, G. Ephraim Lessing, Escritos filosóficos y teológicos, Madrid 1982, 21; cf. J. A. Faucher Dictionnaire Maçonnique, Paris 1981, s.v.
4. A. Faivre, El esoterismo en el siglo XVIII,
5. J. G. Fichte, Filosofía de la masonería. Cartas a Constant, edición de Faustino Oncina Coves, Madrid 1997.

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¿Quiénes somos?


 

Somos un grupo de personas que libre y voluntariamente estamos preocupadas y empeñadas en el perfeccionamiento constante del hombre y de la sociedad, a través del estudio, del trabajo considerado como un Derecho y un Deber esencial del ser humano, pues gracias a él hacemos de un hombre bueno, un hombre mejor; de la práctica de la fraternidad y la solidaridad, de la tolerancia, de la justicia y la paz, configurando un estilo de vida regido por unos valores éticos elevados. Intentamos que la masonería sea una herramienta de perfección personal a la vez que una escuela de formación del ciudadano, aprendiendo sus miembros a vivir honradamente, obedeciendo las leyes de nuestro país, practicando la justicia y trabajando incesantemente por el bienestar social e intelectual de la humanidad. La mayor parte de nuestras actividades son discretas, pero nunca secretas. Somos respetuosos con las creencias y prácticas religiosas de cada individuo. Parece rígida en sus principios, pero acepta a cada persona y su pensamiento, enseña a respetar las opiniones de los demás, aunque difieran de las propias, incitando a todos a la Tolerancia y rechazando toda afirmación dogmática y todo fanatismo. Aprendemos nuestros preceptos en ceremonias ritualísticas dramatizadas, que siguen antiguas formas, usos y costumbres de los constructores de catedrales, utilizando las herramientas de aquellos como guías alegóricas.

EVIDENTEMENTE, PARA CONOCERLA HAY QUE VIVIRLA.

Para contactar con nosotros : salamancamasoneria@gmail.com

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Historia de la Masonería en Salamanca


La Historia de la Masonería en Salamanca todavía presenta bastantes lagunas y aspectos desconocidos. Por ello, las líneas siguientes, que se basan principalmente en la documentación existente en el Archivo Histórico Nacional (Sección Guerra Civil), actualmente incluida en el Centro de la Memoria Histórica, solamente se pueden considerar una brevísima aproximación necesaria de estudios más amplios. Durante el último tercio del siglo XIX, y sin duda en relación con el ambiente liberal favorecido por la Gloriosa de 1868 y la posterior Primera República Española, se tiene constancia de varias logias en Salamanca capital y su provincia. Son las logias La Igualdad (1871-1880), Los Comuneros (1881-1882), Hijos de la Humanidad (1886-1895) y Serapis (1889-1892), todas ellas en la capital provincial. La logia La Mirobrigense (1882-1890) de Ciudad Rodrigo, la logia Aurora del Progreso (1889-1990) de La Fuente de San Esteban, la logia Luz Bejarana (1889-1896) de Béjar, y la logia Hijos de la Luz (1890-1892) de Alba de Tormes. Además, hubo dos Capítulos rosacruces, el Capítulo Villamar de Ciudad Rodrigo (1887-1890) y el Capítulo Hijos de La Humanidad de Salamanca ciudad (1888-1895). Este panorama masónico, relativamente floreciente si se tienen en cuenta las discretas capacidades demográficas y económicas de la provincia en aquella época, desapareció en el paso del siglo XIX al XX probablemente a causa de las crisis internas de la propia Masonería española que opusieron unas Obediencias a otras. Durante la segunda república la única logia conocida es la logia Helmántica, que trabajaba en Salamanca capital. Se supone que esta logia se fundó en 1932, dependiendo de la Gran Logia Española de Barcelona, aunque existen documentos a nombre de una logia Helmántica cuya Carta Constitutiva lleva fecha de 1913. En 1933 esta logia Helmántica pasó a la obediencia del Gran Oriente Español, extendiéndose su actividad hasta la sublevación militar del 18 de julio de 1936. A consecuencia de ella, sus miembros fueron represaliados, particularmente su VM., Atilano Coco, maestro y pastor protestante, quien fue fusilado. Con el advenimiento de la democracia y la legalización de la masonería regular española (Gran Logia de España) en 1981 se crearon las bases para poder retomar la actividad masónica en Salamanca. De esta manera, en noviembre de 1986, y por iniciativa de un grupo de hermanos de la logia Fraternidad Universal nº 5 de Madrid, se consagró la Logia Luz Fraterna nº 26, dependiente de la Gran Logia de España, cuya primera tenida en la ciudad tuvo lugar el 4 de diciembre del mismo año, trabajando en el rito de Emulación. La vida de esta logia se prolongó hasta el año 1992, en que hubo de abatir columnas por no haber hermanos suficientes para mantener sus trabajos de manera continuada. Posteriormente, Luz Fraterna levantaría columnas en Madrid pero trabajando en Rito Escocés Antiguo y Aceptado. En la actualidad, existe en Salamanca un triángulo masónico, denominado Miguel de Unamuno en honor del ilustre catedrático y escritor que, si bien nunca fue masón, sí que hizo gala de dos prendas estimadas por la masonería: espíritu crítico y honestidad de carácter, a la vez que una defensa a todo trance de la libertad frente al autoritarismo.

Mail de contacto: salamancamasoneria@gmail.com

 

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Bienvenido


Bienvenido a este blog, que nace como una forma de contacto para aquellos interesados en la Masoneria Regular en Salamanca.  Para contactar con nosotros puedes utilizar este correo electrónico salamancamasoneria@gmail.com, en breve iremos añadiendo información a este blog. Muchas gracias por tu atención.

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